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TRUMP: la política del cínico

Trump
Escrito por Arturo González

Mucho se ha hablado (y desde todas las aristas) de Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos de América, de hecho, su personalidad se ha dibujado con mayor claridad por medio del deporte del siglo, ese que se basa en especular, para que luego otros especulen y al fin de cuentas, tengamos un cuento tan descriptivo que resulta difícil no creerlo.

En búsqueda de la verdad y de la transparencia, nos olvidamos que mientras un teatro se monta para saciar dichos preceptos, otros tantos circos siguen activos sin que pongamos atención. Es complicado comprender lo anterior, pues a la par de que buscamos respuestas y honestidad en los políticos, nos hemos colocado en una situación de poner todo en tela de juicio, lo que genera un ambiente de incertidumbre constante.

También es cierto que como ciudadanos y votantes somos muy exigentes, deseamos líderes completos, geniales, carismáticos, atractivos y perfectos, el súper hombre es un concepto que se solicita con prestancia en nuestros días, quizás por el hambre de esperanza o porque es la esperanza la que ha despertado la creencia de que personas así, existen y por tanto pueden dirigir nuestros destinos.

Trump requiere sin duda alguna convertirse en el hombre como el que le antecedió.

Más para los ojos hispanos que ante la parte que lo respalda, pues esa es otra constante de nuestro siglo, la división y la esquizofrénica búsqueda de la integración global.

Quizás, solo quizás, la entrada de Trump es un signo más que una enfermedad, una señal inequívoca de que la globalización es un concepto utópico que nos quedó grande, es una idea bastante impregnada en nuestras mentes y por tanto nos resistimos a dar un paso atrás para volcarnos a la política de lo local, del resguardo y la vigilia.

En medio de la polémica de las primeras decisiones de Mr. Donald, la verdad es que esta ejecutando de manera inmediata lo que planteó en su campaña, ha comenzado a darle forma a su plataforma, inició con fuera para consolidar su mandando, a lo que se le conoce como legitimación del poder.

Para los que llevan las líneas anteriores, estarán pensando que son un profundo admirador del presidente, tal vez porque vivimos en la era de odiar o amar, eso de tener reservas es muy del siglo pasado, ahora todos tenemos predicciones, interpretaciones, planes estratégicos y determinantes posturas ante hechos y personas que solamente conocemos por la múltiple información que recibimos, la cual contradictoriamente es escasa, alterada y muy direccionada.

Coincido con muchas de las opiniones que he escuchado en diversos medios y en los portales de opinión acerca de la limitada capacidad de Trump, coincido con ellos en que su política es regresiva y que guarda un tinte nazi, es correcto que la xenofobia, el machismo y el racismo están presentes en el discurso de Donald, pero además de todo lo anterior, lo cierto es que es el cinismo es el ingrediente principal y por tanto la política del cínico es la que se basa en adelantarle a sus audiencias quién es y por tanto la manera en la que actuara será sin sorpresas.

Es por lo anterior que la política del odio y proteccionismo son una bandera que ondea en la actualidad por varias naciones, pues entre la aceptación de refugiados y sus complicaciones, el turismo y sus miles de desgracias poco contadas, así como los bemoles propios de la multiculturización, es que las personas promedio optan por regresar a las conductas comunitarias en donde el jefe cuidaba del grupo.

Lo que estamos viendo no dista mucho de la construcción primigenia de las sociedades y del gobierno. La variable constante es que se ha convertido en un estira y afloja entre los que se autonombran progresistas y los que son ultra conservadores. Entre que unos y otros encuentran el punto de equilibrio, la vital es fijar una postura que pueda fomentar el debate, la implementación de políticas e incluso su desmantelamiento o retracción.

La política del sin vergüenza esta estructurada en el seguimiento y aceptación del mínimo común denominador, por tanto los votantes hacen vínculos emocionales por su deliberada transparencia, además de que los grupos de poder entablan relaciones de mayor estreches, lo hacen porque este tipo de candidato y gobernantes eliminan la sorpresa para asegurar lo que han dicho, aunque lo que hayan propuesto sea aberrante y retrogrado.

Trump le regala al marketing y al mundo una nueva fase.

Una etapa muy juzgada y polémica,  quizás de bastante reflexión, pero sobre todo de mucha acción, pues al replantearnos el rumbo, tenemos la posibilidad de comprender que los caminos certeros pueden ser los menos efectivos.

El marketing político enfrenta nuevos retos, pues después del rockstareo de Obama, es difícil creer en que el drama se centre en la teatralidad del cinismo, sin embargo, puede ser el comienzo de una nueva faceta para que los políticos sean más auténticos, al mismo tiempo que los ciudadanos son más críticos y observadores, más exigentes con su formación cívica y por tanto con su construcción e incursión política.

El punto no es cómo es Trump, el punto es, qué se está fabricando para que su visión llegue o no a nuestros países. El punto es que incluso en Latinoamérica contamos con versiones peores que las de Donald. El punto es que el cinismo nos invita a recapacitar si la historia debe estar develada por completo o debe ir desnudándose capa por capa.

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Arturo González

Arturo González-Salas
CEO/Founder ASERO&González
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