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Sobre la originalidad

2Q
Escrito por Pavel Ibarra

Vivimos tiempos en los que la originalidad es un concepto que ha secado toda su humedad, resulta demasiado complicado encontrar una tecla que no haya sido tocada con anterioridad y de distintas maneras. Si te consideras una persona sensible a la crítica cruda y directa, te recomiendo que dejes de leer en este instante, porque no tendré compasión e iré con saña hacia lo que me abate sin reproche alguno.

La realidad es que me encuentro contrariado por las constantes violaciones a la obra de autor, esa que se encarga de transmitirnos un mensaje muy específico que solo podríamos entender de la manera y forma exactas que el emisor quiso compartir. Es inaudito ver obras que sufren violaciones a su esencia gracias a las malas traducciones, títulos que intentan describir toda la trama de la película o modismos equivocados por querer encajar en la región geográfica en la que se muestra el producto.

Hemos entrado en tiempos carentes de frescura, nos preocupamos por reproducir lo que ya está en el aire en lugar de producir algo nuevo que nos haga sentir experiencias desconocidas. Aún no entiendo si esto es por miedo, pero estoy convencido que en la mayoría de las veces este fenómeno se produce por seguridad y pereza. La pereza que nos da el intentar aprender un nuevo idioma, y muchas veces ni tan nuevo, porque poniendo un ejemplo: el idioma inglés es uno de los más hablados y conocidos del mundo, y aún así nos da hueva.

Estas actitudes son un atentado directo contra la inteligencia humana y contra las nuevas generaciones que se encargan de tornar año tras año, al ser humano en un animal de lo más torpe que se pueda conocer. Son estos los momentos en los que las letras carentes de sentido sustancioso de una canción, e incluso los doblajes (con excepción de los dibujos animados) me invitan a pensar que Charles Darwin se está revolcando en su tumba desde hace años. Que tristeza.

Si Darwin siguiera vivo, se encargaría de recordarnos día a día que supuestamente somos el último eslabón en la cadena evolutiva, y con cada una de estas prácticas retrógradas, damos pasos hacia atrás condenando a generaciones futuras y al planeta entero. Tenemos que parar por un momento nuestra marcha descontrolada y ponernos a pensar un poco en cómo ejecutamos nuestro día a día. ¿En realidad lo estamos haciendo de tal manera, que al final de nuestra vida no queramos cambiar nada? Piénsalo…

Pavel Ibarra