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La ciudad que no sabía “carnavalear”.

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Escrito por Alejandro Monclova

Lo dice en su página de Facebook oficial: “En sus más de 100 años de existencia…” cualquiera pensaría: “¡Wow! Iré a un eventazo característico de la región, algo digno e imperdible.”

El carnaval de Ensenada sufre el mismo cáncer que todos los eventos de antaño de la región de Baja California: un desinterés de los principales inversionistas combinado con la idea de la menor inversión y menor esfuerzo para no tener pérdidas.

Vámonos por partes:

El desfile.

Con el dato de un evento con vigencia de más de 100 años se espera que el desfile, el evento más emblemático de un carnaval, sea por todo lo alto, colorido y lleno de música. La realidad es que te encuentras con un desfiles pobre en su concepción, una oportunidad para ponerle una lona de tu puesto de tacos a tu carro e ir regalando bolsas con confeti. Son contados los carros alegóricos o las escuelas que entrenan a sus alumnos para un número de baile, no desfilan atletas (bastante buenos y los cuales Ensenada da al mayoreo), los acompañaron una flota de automóviles clásicos que aunque sean hermosos no deja de ser la misma flotilla que uno ve cada domingo en paseo hacia el puerto antes mencionado, todo para culminar con una caravana de jinetes a caballo, algunos tomando cerveza mientras montan, nada realmente memorable.

La feria y escenarios musicales.

Llegué al área de los juegos mecánicos entre 10:30 y 11:00 de la noche, nos sugerían en el hotel esa hora de llegada porque “…es cuando empieza lo bueno”.  Un poco de contexto, en este mundo tan globalizado donde se tienen influencias de todas partes en pocos segundos un evento de 100 años de existencia tendría la obligación de ser multicultural y cubrir en su posibilidad la mayoría de gustos musicales del público asistente. Al llegar nos topamos con todos los escenarios de la feria con norteño en vivo, o recién estaban terminando con el sonido local para dar paso a una banda sinaloense o conjunto norteño, en todos sin excepción. No hubo interés por un dj de música electrónica, música urbana o música de los ochentas en inglés por mencionar algunos y que aún tienen público vigente.

El “after”.

Al no poder encontrar entretenimiento de nuestro agrado en esta Coachella de grupos norteños, gente en tumulto y niños gritando decidimos salir del área de la feria y dirigirnos al centro. A estas alturas mi único pensamiento era: “maldita sea! ¿Contraté un tour, autobús y hotel para venir a hacer al Carnaval de Ensenada lo que hago cada fin en Tijuana? ¿andar de bar en bar?” Mi sorpresa estaba por materializarse, me encontré con una escena nocturna que, aunque mezclada con el turismo internacional, se sentía muy sólida, propia, divertida y con muy buena propuesta. Y fuimos desde los lugares hipsters hasta los “bares para gringos” todos tienen su encanto y en todos lo pase bien.

Para terminar, complementare lo que dije al principio, me guste o no lo que estos eventos exponen en sus alineaciones de entretenimiento, la verdad es que son eventos muy arraigados en nuestra región, con el ligero revés que se están focalizando en la población proveniente de otros estados y dándoles prioridad a sus gustos de entretenimiento en lugar de enfocar el evento a un acercamiento más universal a todo tipo de público, se escuchaba mucho el comentario entre la gente del desfile: “ya no es como antes” , “antes estaba mejor”.


Queda la esperanza que el comité organizador se enfoque más en lo que la gente de nuestra región tiene para sugerir para su carnaval, en lo que se está haciendo en otras ciudades para ejemplos de entretenimiento y haga un esfuerzo por quitar la imagen de “carnaval de cholos” que muchos habitantes califican al evento y revivir los días de gloria del Carnaval de Ensenada.

Alejandro Monclova