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Dime cómo andas y te diré a dónde vas.

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Escrito por Marcelo Fernández

Cuando compré mi scooter pensé que iba a reducir considerablemente el tiempo que tardo en llegar desde mi casa hasta la oficina en carro. Lo cierto es que demoro casi 5 minutos más, pero —a cambio— siento la libertad que solo se puede sentir a bordo de una motocicleta.

En inglés, ese trayecto diario hacia y desde el trabajo, se denomina commute. Y nos provoca cierta envidia esa economía de términos, porque suponemos que allá en Estados Unidos o en Europa, no solo son más eficientes para las definiciones, sino también para facilitar el traslado de sus habitantes hacia los centros de producción.

Casualmente, me topé con dos interesantes artículos relacionados a este tema. Uno del Washington Post,“El impresionante potencial humano desperdiciado en el tiempo de traslado del hogar al trabajo” (The astonishing human potential wasted on commutes). Y el segundo, “Google cambia su forma de contratar personal: ‘El expediente académico no sirve para nada”, publicado en el sitio chileno www.elmostrador.com

Todo viene a cuento porque desde que en nuestra agencia decidimos mudarnos a unas oficinas más céntricas —aunque sacrificáramos espacio a favor de un contrato en pesos y no en dólares— nos dimos cuenta de la inevitable necesidad de estacionamiento, que ocupa más superficie que la misma oficina con espacio “muerto” durante casi 8 horas de jornada laboral. Por ejemplo, en una oficina de 20 m2 pueden convivir cómodamente cuatro o cinco personas, pero sus vehículos necesitarán, como mínimo, dos veces esa superficie. Otra de las razones por las que preferí cambiar mi carro por una motocicleta que ocupa menos de 1.5 m2

Estas razones y algunas otras nos pusieron mucho a pensar sobre la verdadera necesidad de dejar todos los días nuestras casas donde contamos con las mismas comodidades y tecnología de comunicación que en la oficina. Los “pro”: Empezar a trabajar (producir) desde más temprano; ahorrar gasolina; ahorrar en alimentos; disfrutar más de nuestros hogares, música, familia, mascotas, etc. Los “contra”: No disponer de un espacio propio para atender visitas de clientes; no disponer de un “domicilio comercial/fiscal”; y… pare de contar.

En el artículo de Washington Post señalan que el censo realizado en 2014 muestra un aumento del 20% en el tiempo invertido de ida y vuelta a los lugares de trabajo con respecto a 1980. Hoy el promedio es de 26 minutos al día por viaje (52 minutos ida y vuelta). Lo que, teniendo en consideración los 139 millones de trabajadores activos en tránsito al momento del censo, lleva a una multiplicación de 3.4 millones de años invertidos en conjunto solo en traslados. El artículo compara que en ese tiempo (invertido solo en 2014) pudo haberse desarrollado 300 veces toda Wikipedia, o haberse construido 26 pirámides de Gizah.

Por otro lado, el artículo dedicado a los procesos de contratación de Google, pone en evidencia a las universidades y altos centros de estudios donde los alumnos siguen inmersos en un sistema que busca la inmediatez de una calificación o un título y no son preparados con herramientas para desenvolverse ante desafíos o problemas concretos. Y es hacia el comportamiento ante esos desafíos y problemas hacia donde los recursos humanos de Google están apuntando ahora. Tener la iniciativa de plantearse nuevos desafíos de aprendizaje, reaccionar de manera eficiente ante los problemas propios de sus tareas o del entorno, son cuestiones a incorporar en la currícula universitaria, de acuerdo a lo que ha podido vislumbrar Google a lo largo de sus procesos de contratación.

Ambas situaciones nos confrontan, a mi modesto parecer, con una crisis global de todo el sistema productivo y administrativo. Mientras la tecnología nos permite reducir drásticamente el consumo de tiempo y energía, para dedicarlo a la productividad y a la recreación, continuamos temerosos de dar el paso y acompañar esta evidente Revolución Tecnológica que vino a facilitarnos la vida y no a atarnos a un escritorio y una pantalla para dilatar aún más nuestros procesos.

El artículo de Washington Post concluye que si los millones de personas que a diario nos sometemos al deprimente proceso de prepararnos y trasladarnos hacia el trabajo, con el consiguiente estrés, mala alimentación, contaminación y desgano, obtuviéramos de regreso esos 50 minutos diarios de nuestra vida, evitaríamos problemas típicos de nuestra época como el estrés, la obesidad, el sedentarismo, la hipertensión, la irritabilidad y el ausentismo.

A mi entender, falta muchísimo para que toda la sociedad logre visualizar el cambio en el que estamos inmersos y al que no le hacemos caso. Los intereses económicos inmobiliarios (rentas); los de la alimentación rápida (tiendas de conveniencia, fast food, etc.); del transporte (nuevos modelos de vehículos cada año, transporte público y privado, etc.) continúan siendo muy poderosos. Las leyes están completamente rezagadas para regular la convivencia y el tránsito de acuerdo a las necesidades de hoy, y nuestro sistema de vida sigue siendo el mismo de hace un siglo atrás, con viviendas carísimas a donde solo vamos a dormir y calles y oficinas hacinadas a donde vamos a sentarnos frente a un volante o una pantalla a creer que producimos mucho mientras esperamos la caída del sol y la siguiente hora pico.

Ojalá estos artículos de referencia nos abran los ojos o nos inviten a la reflexión para entender la época en la que vivimos y lo que podríamos estar haciendo ahora por nosotros mismos y nuestra productividad.

Links de referencia:

Washington Post: https://goo.gl/MlrEsz

El Mostrador: http://goo.gl/n0SfGa

Marcelo Fernández